Los niños estarán bien (si no quedamos perdidos y dañados por la COP26) (ECO2, COP26)

Este artículo de ECO está dirigido a los responsables de la COP26. Ha sido co-creado esta semana por 60 jóvenes de todo el mundo, para hacer un llamamiento unificado a la justicia climática. La mayoría de nosotros no hemos crecido hablando inglés y no nos habíamos conocido antes. Sin embargo, en tan solo cuatro horas, nos escuchamos unos a otros, compartimos nuestras experiencias y pusimos en común nuestra visión del futuro que queremos heredar. Si nosotros podemos hacerlo, los responsables de la toma de decisiones también pueden hacerlo.   

Hay un proverbio palauano que dice A klukuk a rkemei, que se traduce como «el mañana está por llegar». Enseña a los niños de Palaos la importancia de cuidar el futuro. Nuestras acciones de hoy definen cómo será el mañana. Sin embargo, estos mismos niños experimentan enormes pérdidas y daños debido a la actual crisis climática que ellos no han causado.  

Somos 60 jóvenes. Venimos de Burkina Faso, Burundi, Níger, la República Centroafricana, Colombia, los Países Bajos, Dinamarca, Hungría, Letonia, Bélgica y España. Venimos de orígenes diversos, pero todos experimentamos los efectos devastadores de la crisis climática, y estamos unidos en nuestras demandas a los responsables de la toma de decisiones en la COP-26. 

Exigimos que las pérdidas y los daños sean una prioridad en la COP26 y un tema permanente en las COP y los periodos entre sesiones que le siguen. Creemos que quien rompe el jarrón debe pagar por ello.  

Hoy en día ocurre lo contrario: quien rompe el jarrón, deja que otro limpie el desastre. La crisis climática está causada por personas y países que no ponen el cuidado en el centro de los proverbios, y mucho menos de las políticas. El clima violento de los huracanes, las sequías y las inundaciones no es la causa principal de este problema, sino la consecuencia de un clima de violencia. Un clima alimentado por la codicia, la explotación, la competencia, la colonización, la desigualdad, el racismo, la injusticia intergeneracional y la violencia de género.

Si todo esto es demasiado abstracto, permítenos ilustrar cómo es esto. Imagina que tu medio de vida depende del cultivo de una tierra que no te pertenece y que no puedes heredar debido a tu género, pero que te rompes la espalda cada día para convertirla en tierra fértil. Tus vecinos tienen la casa más grande de la manzana y generan un montón de residuos que contaminan tu tierra. Tu suelo se vuelve infértil. Pierdes tus ingresos, tu medio de vida y, finalmente, tu casa. Intentas reclamar una indemnización en el juzgado local, pero te ignoran. Intentas hacer llegar tu petición al otro lado del océano, donde los responsables políticos deciden sobre el destino de los árboles, el agua y el aire de tu comunidad. Pero tu voz no es escuchada. Acabas sin nada más que la ropa que llevas puesta, sin protección contra todo tipo de violencia. Sigues los pasos de los 30 millones de personas que se convirtieron en refugiados climáticos antes que tú. 

Esta historia se hace eco de las innumerables historias de personas afectadas por el clima de violencia. Personas que hemos encontrado aquí en la COP26, que se convierten en activistas para que otros no tengan que experimentar lo que se ha convertido en su realidad diaria. Personas como Marinel Sumook Ubaldo, una filipina de 24 años cuya familia vivía una vida armoniosa con la naturaleza, antes de ser víctimas del tifón Haiyan, víctimas de nuestro clima de violencia.  Se convirtió en activista, no por elección, sino por necesidad, para evitar que esto vuelva a suceder a su comunidad o a otros.

Debemos pasar a un clima de atención, y situar la atención en el centro de las políticas de pérdidas y daños. Un clima de atención aborda las cargas físicas, económicas y psicológicas graves causadas por las pérdidas y los daños. Un clima de atención podría basarse en la comunidad, las soluciones locales, los esfuerzos colectivos, la igualdad, las respuestas interseccionales, el reparto de poder y la atención a la salud mental.  

¿Cómo podemos romper nuestro clima de violencia?

En primer lugar, que la persona que rompe el jarrón lo pague. Los países y las empresas que más han contribuido a la crisis climática deben rendir cuentas. Esto ya no puede ser un compromiso voluntario, sino que debe convertirse en una responsabilidad sistémica y legalmente vinculante. Es necesario un marco estructural en el que se tengan en cuenta los daños históricos y en el que se priorice la adaptación y la mitigación para evitar pérdidas y daños futuros. La financiación debe basarse en la responsabilidad, no en la culpa o en la caridad, y debe ser independiente y adicional a la financiación necesaria para la adaptación y la mitigación. Unas NDC más regulares que incluyan planes de contribución por pérdidas y daños periódicos, explícitos y legalmente vinculantes, ayudarán a garantizar que los responsables cumplan sus compromisos.

En segundo lugar, poner a las comunidades a la cabeza y en el centro de las políticas de Pérdidas y Daños. Los que se han visto afectados saben hasta dónde llegan las Pérdidas y Daños, déjenles decidir el alcance de las políticas. Deje que las comunidades gestionen los recursos y programas de Pérdidas y Daños y asegúrense de que las mujeres y los jóvenes estén representados. Para evitar más Pérdidas y Daños, los bosques y los hábitats naturales deben ser protegidos por sus legítimos guardianes para que puedan volver a contar con la rica biodiversidad de la que dependemos para prosperar. 

Poner a las comunidades más afectadas en el centro de las Pérdidas y Daños también reconoce los impactos psicológicos. Hay que ofrecer apoyo y tener en cuenta el bienestar emocional. 

Por último, repensemos lo que es la ciudadanía global a la luz de los desplazamientos relacionados con el clima. La gente debería poder desplazarse por decisión propia, no por la tragedia. Los recursos, la tierra y las reparaciones deben ser accesibles y compartirse equitativamente. 

Vuelvan a pensar qué infancia quieren darnos a los niños, para que no tengamos que cargar con el peso del mundo cuando nos convirtamos en adultos en medio de una emergencia. 

No permitas que este clima de violencia sea nuestro legado, porque nosotros somos tu mañana.

 

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